... abandonar este continente abarrotado de viejos, este camposanto, se convierte en una necesidad. Compro una maleta suficientemente pequeña para no tener que meterla en la barriga de un avión. Lleno bolsas de basura con las cosas que no me llevo: ropa, algún libro, un par de objetos aparentemente decorativos comprados en algún mercadillo, bisutería inútil.
Pago la habitación que ha sido mi hogar estas semanas.
Pago un café soportable en un bar metálico.
Pago un billete de avión al otro lado del mundo.
Pago lo que un hombre con un traje azul dice que debo pagar por no haber devuelto el vehículo con el depósito lleno de combustible. Lo dice así, aséptico. Combustible. Vehículo.
Pago una revista que después abandono en una mesa cromada.
... la apariencia de la crisis económica no se percibe en los aeropuertos ni en las estaciones de trenes que atraviesan enormes planicies de tierra seca a la velocidad de la luz ni en los puertos envueltos en contenedores. Tampoco se siente en los restaurantes extremadamente caros en los que artistas juegan con las texturas y los sabores y los colores de las cosas comestibles. La apariencia de la crisis es una pareja de viejos sentados en un banco lanzando migas de pan duro a las ratas voladoras, es un edificio de cristal y acero camaleónico a la luz del atardecer, es una horda de taxistas de cincuenta años o más esperando que algún avión vomite a trescientos individuos cansados y cargados con maletas que justifiquen ese estar ahí. La apariencia de la crisis no es nada más que un grupo de espectros memos del primer mundo acampados en plazas quejándose de los bancos y de sus maniobras, los mismos que jamás levantaron su puño contra ese banco que les prestó más dinero del que podian devolver convirtiéndolos en esclavos. Aceptaron ser esclavos. Pero ninguno, ni uno de esos niñatos armado con un AiFone, aún ha aceptado que no es más que un esclavo... o sí, por eso lo más rancio, lo más tiránico, lo más parecido a una tiranía eslo que triunfa en las elecciones de esta parte del mundo, de esa Zona Euro... los esclavos necesitan de amos, necesitan sentir que su amo les protege, les cuida, les mima...
... hay que salir de esta Zona Euro...
... los griegos son los que nos han marcado el paso durante tantos siglos. Quizá sean también ellos los que nos enseñen qué hay que hacer con todos esos que aparentemente gobiernan, al modo de Platón...
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